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Retórica y elocuencia en Roma

Características del género     La oratoria primitiva     Cicerón
Latín II, Humanidades y Ciencias Sociales. Oxford Educación.
Características del género

El arte de la palabra (ars bene dicendi) y el dominio de la expresión oral están íntimamente ligados a la historia de Roma y al desarrollo de la literatura latina. La oratoria pública era, en la vida política de la República romana, un instrumento esencial para conquistar prestigio y poder (en el Senado, en las asambleas ciudadanas, ante los tribunales, etcétera), y en el contexto de las luchas civiles y políticas que caracterizaron a la República primitiva, se fue perfeccionando formalmente gracias al influjo de la retórica griega.

Los primeros profesores de retórica en Roma fueron griegos, que actuaban como tutores privados de los hijos de las clases más privilegiadas. En el a?o 161 a.C, muchos de estos rhetores griegos fueron expulsados de Roma, junto con los filósofos, tras la promulgación de un edicto que los acusaba de corromper las virtudes antiguas con sus ense?anzas sofísticas. Se aprecia, pues, desde sus inicios un intento de dar primacía a la integridad moral sobre las cualidades formales del discurso, como atestigua la famosa definición del orador formulada por Catón: orator est uir bonus dicendi peritus (el orador es un hombre honrado que sabe hablar bien). Con el tiempo, no obstante, se produjo una asimilación total de la preceptiva retórica griega, se abrieron escuelas de retórica (la primera, al parecer, en el 92 a. C.) y se compusieron tratados sistemáticos que contribuyeron a la difusión de estas ense?anzas.

En estos tratados teóricos se presentan las cinco facultades fundamentales que el orador debe dominar para ser capaz de construir un buen discurso conforme a las reglas de la retórica:

  • Inuentio (invención): la búsqueda de argumentos apropiados para la materia del discurso.
  • Dispositio (disposición): la colocación y ordenación de esos argumentos en los lugares más convenientes del discurso.
  • Elocutio (elocución): la elección de la forma más elegante para expresar las ideas, buscando el ornato por medio de figuras estilísticas y de dicción adecuadas al tema del discurso y al auditorio.
  • Actio o pronuntiatio (acción o pronunciación): la modulación de la voz y el movimiento del cuerpo, gestos y ademanes que el orador ha de dominar en su exposición para que el discurso resulte persuasivo.
  • Memoria (memorización): la capacidad de retener todos los argumentos del discurso y las técnicas nemotécnicas para emplearlos en el momento adecuado.

La retórica clásica distingue también tres tipos (genera) de discursos oratorios a los que corresponden unas características de composición diferente:

  • Genus deliberatiuum (discurso deliberativo): el pronunciado principalmente ante una asamblea para lograr convencerla o disuadirla de tomar una decisión determinada con respecto a un asunto dado.
  • Genus demonstratiuum (discurso demostrativo o epidíctico): su objeto es la alabanza (laudatio) o la crítica (uituperatio) de las virtudes o defectos de una persona.
  • Genus iudiciale (discurso judicial o forense): el pronunciado ante un tribunal para conseguir la condena o absolución de un reo.

Todo buen discurso, por último, ha de estructurarse en una serie de partes cuya importancia varía en función de los genera anteriores:

  • Exordium (exordio o introducción): parte inicial del discurso, en la que se intenta conseguir la atención o el favor de los oyentes (captatio beneuolentiae) y se presenta someramente el asunto del discurso.
  • Narratio (narración): exposición de los hechos o presentación favorable de las circunstancias que concurren en la causa.
  • Argumentatio (argumentación): defensa (confirmatio) de cada uno de los argumentos a favor del orador o refutación (confutatio) de los posibles argumentos en contra.
  • Peroratio (conclusión): recapitulación de los puntos más importantes de la exposición (enumeratio) e invocación a los oyentes con el fin de conmoverlos a favor del orador (amplificatio).

En las escuelas de retórica se practicaba esta técnica de elaboración del discurso por medio de ejercicios de iniciación, denominados progymnasmata, sobre temas reales o ficticios, para que el alumno compusiera textos que incluyeran los principales tópicos del género oratorio. Posteriormente se realizaban ejercicios de declamación, como las suasoriae o las controuersiae  con el fin de aplicar las ense?anzas teóricas y lograr el adiestramiento necesario para la práctica forense.


La oratoria primitiva

El primer orador romano del que tenemos noticia es Apio Claudio el Ciego, que en el a?o 280 a.C. compuso un discurso contra la propuesta de paz con Pirro II, rey del Epiro.

En el siglo II a.C. destaca la extraordinaria figura de Marco Porcio Catón (234-149 a.C.), ejemplo paradigmático del romano tradicional enemigo de la corrupción política y moral. Escribió más de 150 discursos, de los que se han conservado unos ochenta, la mayor parte de ellos escritos contra sus adversarios políticos. Frente a la retórica de influencia griega, Catón valoraba más el dominio de la técnica jurídica y de los argumentos que la técnica persuasiva de los medios estilísticos, como parece demostrar su famosa sentencia rem tene, uerba sequentur (domina la materia y las palabras brotarán espontáneamente).

En la segunda mitad del siglo II a.C. sobresalen como oradores los hermanos Tiberio y Cayo Graco, tribunos de la plebe y defensores de los derechos del pueblo frente a los abusos de los magistrados y la aristocracia.

De comienzos del siglo I a.C. data el primer tratado teórico romano que se conserva, Rethorica ad Herennium (Retórica a Herenio), atribuido erróneamente a Cicerón durante mucho tiempo. A lo largo de esta centuria, se consolidan en el mundo de la oratoria romana dos tendencias o escuelas: la asiánica, representada por Hortensio, rival de Cicerón, y caracterizada por el patetismo, la grandilocuencia y la ampulosidad de la expresión; y la aticista, partidaria de la claridad expresiva y de la sencillez absoluta del estilo.


<center>Cicerón acusando a Catilina (de César Maccari)</center>
Cicerón acusando a Catilina (de César Maccari)

Cicerón

Marco Tulio Cicerón (106 a.C.- 43 a.C) nació en Arpino, cerca de Roma, en el seno de una familia de clase media perteneciente al orden ecuestre. En el 79 a.C. emprendió un viaje por Grecia y Asia Menor para completar su formación. A su regreso a Roma, inició su carrera política. En el 76 a.C fue nombrado cuestor y destinado a Sicilia. Su honradez en el desempe?o de este cargo hizo que ascendiera rápidamente en la escala del cursus honorum, siendo elegido, sucesivamente, edil (69), pretor (66) y cónsul (63). Durante su consulado, hubo de hacer frente a la conjuración de Catilina, de la que consiguió salir.

Partidario de Pompeyo durante la guerra civil, la victoria de César lo obligó a retirarse de la vida política. Tras el asesinato del dictador en el 44 a.C., Cicerón se enfrentó abiertamente a Marco Antonio y defendió el retorno al orden republicano. Instituido el segundo triunvirato en el 43 a. C, Cicerón se convirtió en el blanco de las iras de Marco Antonio, quien ordenó su asesinato. Su cabeza y sus manos fueron exhibidas públicamente en los rostra del foro romano.

La obra retórica: tratados

Cicerón escribió varios tratados de retórica, todos los cuales coinciden en presentar al orador como modelo supremo de humanitas. Desde el punto de vista formal, adopta una postura intermedia entre los asianistas y los aticistas. Además de un tratado de época juvenil, De inuentione (Sobre la invención retórica), y de otras obras menores, como Partitiones oratoriae (Particiones oratorias), De optimo genere oratorum (Sobre el mejor género de oradores) y Topica (Tópicos), Cicerón compuso tres grandes obras retóricas de tipo teórico:

  • De oratore (Sobre el orador). Dos grandes oradores romanos, Antonio y Craso, dialogan sobre la figura del orador perfecto, que no solo debe saber hablar bien y tener las dotes de ingenio natural que el oficio requiere, sino también poseer una completa cultura literaria, filosófica y jurídica, además de una sólida formación moral. El marco del diálogo sirve para que los interlocutores expongan de modo magistral las ideas ciceronianas sobre las distintas facultades retóricas: inuentio, dispositio, elocutio, actio y memoria, acomodando la exposición teórica al estilo más elaborado y preciso de toda su producción.
  • Brutus (Bruto). En esta obra, Cicerón traza una historia de la elocuencia romana, desde sus comienzos hasta su propia época, para demostrar que la tradición oratoria de Roma no tenía nada que envidiar a la griega. Además de abordar las figuras de Catón, los Gracos, Craso y Antonio o su contemporáneo Hortensio, Cicerón se sitúa a sí mismo como cumbre de la oratoria romana y se enfrenta con los defensores a ultranza del aticismo, partidarios de la elocuencia simple hasta el extremo y privada de todo tipo de ornamentos.
  • Orator (El orador). Cicerón aborda en este tratado la triple función del orador: docere, delectare y flectere (ense?ar, deleitar y convencer). Sin embargo, de las cinco partes de la retórica, se centra especialmente en la elocutio, mostrando los diferentes recursos estilísticos del discurso, el ritmo oratorio y las demás cualidades que exige el ornato retórico.

La obra oratoria: discursos

El gran mérito de Cicerón reside en el hecho de haber sabido llevar a la práctica en sus discursos todas las reglas de corte teórico de sus obras retóricas. Compuso gran cantidad de discursos, la mayoría de los cuales han llegado hasta nosotros y han sido admirados como modelo de elocuencia en todas las épocas. Muchos de ellos son de carácter privado y judicial, pronunciados ante un tribunal en defensa o en contra de personajes concretos, mientras que otros son de carácter público y político, pronunciados en el Senado o en asambleas populares, y ofrecen un valioso testimonio de los conflictos que se desarrollan en los últimos a?os de la República romana. Se?alamos a continuación algunos de los más significativos:

  • In Verrem (Verrinas). Se trata de siete discursos pronunciados en el a?o 70 a.C. en defensa de los derechos de los sicilianos contra Verres, propretor de esta provincia, que se había dedicado a expoliar la isla y a sus habitantes. Con sus sólidos argumentos y su magnífico estilo retórico, Cicerón consiguió la condena de Verres, que fue defendido por su rival Hortensio.
  • De lege Manilia o De imperio Cnaei Pompei (Sobre la ley Manilia). Es un discurso político de corte epidíctico o demostrativo, pronunciado el a?o 66 a.C., en el que Cicerón elogia las grandes cualidades de Pompeyo y apoya la propuesta del tribuno de la plebe Cayo Manilio para entregarle el poder militar en la guerra contra Mitrídates VI, rey del Ponto.
  • In Catilinam (Catilinarias). Se componen de cuatro famosos discursos pronunciados ante el Senado y el pueblo de Roma en el 63 a.C., a?o en el que accedió al consulado, para desenmascarar el intento de golpe de Estado de Catilina, un noble arruinado que había pretendido incluso asesinarlo y hacerse con el poder después de perder las elecciones. Cicerón consiguió hacer fracasar la conjuración y fue proclamado ?padre de la patria?.
  • Philippicae (Filípicas). Son catorce discursos en contra de Marco Antonio, pronunciados entre los a?os 44 y 43 a. C. Reciben este nombre en honor de las obras homónimas del orador griego Demóstenes contra Filipo de Macedonia. Sus ataques furibundos contra Marco Antonio le valieron el odio del triunviro y su posterior ejecución a manos de sus sicarios.

Otros famosos discursos de Cicerón fueron los realizados en defensa de diversos personajes, entre los que cabe destacar Pro Milone, Pro Archia poeta, Pro Murena, Pro Caelio y Pro Ligario.



Actualizado 08-Abr-2007    Escrito por Ramiro Arias

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